Quién recicla de verdad

Las redes muestran a una generación que denuncia el plástico, exige marcas responsables y habla de economía circular con soltura. Los datos de los hogares cuentan algo distinto. En varios países, quienes más separan residuos a diario superan los 55 años, mientras los más jóvenes encabezan el consumo de moda ultrarrápida. La conciencia ambiental luce robusta en el discurso y frágil en la cocina.

Lo anterior nos deja frente a una pregunta incómoda:

¿Son los jóvenes la generación más comprometida con el reciclaje, o hemos confundido la conversación con el comportamiento?

La percepción que se volvió sentido común

Por: Gabriel E. Levy B.

Un estudio de First Insight con el Baker Retailing Center de Wharton reportó que tres cuartas partes de la generación Z prefieren comprar de forma sostenible antes que elegir por marca, y más del 60% redujo su uso de plásticos desechables.

Cifras así alimentaron una idea cómoda: los jóvenes llegan a corregir lo que las generaciones anteriores estropearon.

Conviene aclarar el término que sostiene todo el debate. La economía circular busca que los materiales regresen al ciclo productivo por la vía de la reparación o el reciclaje, en lugar de terminar enterrados en un relleno sanitario.

El relato encaja con la escena pública. Las marcas rediseñan empaques pensando en públicos jóvenes, los colegios enseñan a separar desde preescolar y las movilizaciones climáticas tienen rostro adolescente.

El problema aparece cuando revisamos qué ocurre dentro de las casas.

Los datos domésticos dicen otra cosa

Una investigación de la empresa DS Smith en el Reino Unido encontró que el 54% de los baby boomers recicla todo su papel y cartón, frente a apenas el 19% de la generación Z.

En España, el patrón se repite. Un estudio de hábitos de reciclaje ubicó a los mayores de 55 años en lo alto del podio, con un 84,9% que separa residuos a diario.

La literatura académica apunta en la misma dirección. Investigaciones recopiladas por la revista Psychology & Marketing señalan que los consumidores de mayor edad muestran más propensión a la compra verde, reutilizan y reciclan más, y desperdician menos alimentos.

La preocupación, en cambio, sí está repartida. Una encuesta de Bain & Company citada por la prensa española halló que el 72% de la generación Z y el 68% de los boomers se declaran muy preocupados por el medio ambiente.

Cuatro puntos de diferencia no sostienen la idea de una generación ambientalmente superior. Hablamos de encuestas de hábitos declarados, no de mediciones controladas de basura real, y esa advertencia vale para todas las cifras de este debate.

La distancia entre lo que se dice y lo que se hace

Los académicos llaman a este fenómeno brecha entre intención y acción: la persona valora algo, lo declara en voz alta y actúa distinto cuando llega el momento de pagar.

Un estudio de RSM UK y Retail Economics sobre 1.500 compradores jóvenes lo dejó por escrito. Casi seis de cada diez admiten que su generación habla más de sostenibilidad de lo que la practica, y el 40% confiesa comprar prendas que usará una sola vez.

El mismo trabajo encontró que solo el 29% se considera comprometido con el consumo sostenible, mientras un 43% valora la sostenibilidad pero cede ante el precio o la comodidad.

La evidencia comercial refuerza el punto. Durante las primeras 19 semanas de 2025, la aplicación de Shein superó los 54 millones de descargas, un modelo construido sobre compras frecuentes de prendas baratas.

Otra investigación europea sumó un matiz revelador: la actitud juvenil mejora en el hogar familiar, donde la decisión no depende de ellos, y se debilita cuando los jóvenes se independizan y viven solos o comparten vivienda.

Lo que las nuevas generaciones sí hacen mejor

Reducir el asunto a un fracaso juvenil sería injusto y también inexacto. La circularidad de los más jóvenes pasa por otro canal.

El informe de reventa de ThredUp y GlobalData de 2026 documenta que el 58% de la generación Z prioriza la ropa de segunda mano sobre la nueva, y proyecta que la generación Z y los millennials impulsarán más del 70% del crecimiento del mercado de reventa hasta 2030.

Ese mercado ya pesa. En 2025 el segmento estadounidense de segunda mano creció casi cuatro veces más rápido que el comercio de ropa nueva.

Intercambiar, revender y comprar usado también cierra ciclos. El bote azul no es el único instrumento de la economía circular, aunque siga siendo el símbolo con el que medimos la virtud ambiental ajena.

Hay además un factor material que casi nunca entra en la conversación. En Colombia, un análisis de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida de 2022 encontró que el 39,2% de los hogares clasifica sus residuos y que a mayores ingresos aumenta la clasificación.

Quien arrienda una habitación sin espacio para cuatro canecas no carece de conciencia. Carece de infraestructura.

Cómo equilibrar el fenómeno

El sector de las telecomunicaciones ofrece el mejor termómetro. El Global E-waste Monitor de la ONU registró 62 millones de toneladas de basura electrónica en 2022, de las cuales solo el 22,3% se recogió y recicló de manera formal, con una proyección de 82 millones de toneladas para 2030.

Ningún cambio de hábito individual absorbe ese volumen. Aquí la responsabilidad se corre hacia quien diseña, vende y reemplaza los aparatos.

La regulación ya trazó ese camino. La Resolución 1407 de 2018 del Ministerio de Ambiente obliga a los productores colombianos a recuperar los envases y empaques que ponen en el mercado, con una meta del 20% de aprovechamiento para 2026 y del 30% para 2030.

Colombia parte de un rezago evidente, pues el país genera cerca de 12 millones de toneladas de basura al año y recicla en promedio el 17%.

El equilibrio pasa por dejar de pedirle a la juventud que resuelva con culpa lo que el diseño industrial produce a escala, y por dejar de felicitar a los adultos mayores por una disciplina que muchas veces heredaron de la escasez.

Lo razonable resulta más aburrido que el debate generacional: rutas de recogida que funcionen, reparación accesible, recicladores de oficio con ingresos dignos y mediciones de conducta real en lugar de encuestas de opinión.

En resumen, la idea de que los jóvenes reciclan más que sus padres funciona mejor como consuelo que como diagnóstico. Las nuevas generaciones ganan en preocupación declarada y en reventa, y pierden en separación doméstica y en consumo acelerado. Los adultos mayores separan con constancia y consumen menos ropa nueva. Convertir eso en una competencia moral distrae del asunto de fondo, que sigue siendo quién produce la basura y quién paga por recogerla.

Referencias

  1. Araujo Medina, A. L., Pabón Galán, C. A., y Llanos Redondo, A. (2025). Relación entre ingresos y clasificación de los residuos domésticos de los hogares en Colombia. Ecomatemático, 16(1), 93-99.
  2. Asociación Nacional de Empresas de Servicios Públicos y Comunicaciones. (2020). El 78% de los hogares colombianos no recicla. Andesco.
  3. Ciberimaginario. (2024). El compromiso ambiental de la Generación Z. Universidad Rey Juan Carlos.
  4. Foro Económico Mundial. (2022). La generación Z está preocupada por la sostenibilidad. Con datos de First Insight y Baker Retailing Center, Wharton School.
  5. Hosany, S., y otros. (2025). Understanding Gen Z Consumers: A Typology of (Un)sustainable Purchases. Psychology & Marketing.
  6. Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible. (2018). Resolución 1407 de 2018. Bogotá, Colombia.
  7. Retail Gazette. (2025). Gen Z’s sustainability intention gap widens. Con datos de RSM UK y Retail Economics.
  8. Telecinco. (2024). Los boomers, más ecológicos que sus hijos. Con datos de DS Smith, GlobalWebIndex y Bain & Company.
  9. The Conversation. (2026). Gen Z and the sustainability paradox: Why ideals and shopping habits don’t always align.
  10. ThredUp y GlobalData. (2026). Resale Report 2026.
  11. UNITAR y Unión Internacional de Telecomunicaciones. (2024). The Global E-waste Monitor 2024. Ginebra y Bonn.
Scroll to Top