Árboles, Smartcities y la factura de la luz

Cada segundo se venden diez aires acondicionados nuevos en el mundo, y el ritmo se mantendrá hasta 2050. Al mismo tiempo, decenas de ciudades que se autodenominan Smartcities siembran millones de árboles y prometen bajar la temperatura, el consumo eléctrico y la cuenta de energía de los hogares. La ciencia les da la razón, aunque no siempre en la magnitud que anuncian sus alcaldías ni en los barrios que más lo necesitan.

El umbral que casi nadie menciona

Por: Gabriel E. Levy B.

Un árbol enfría de dos maneras distintas. Con la sombra, que impide que el sol caliente el asfalto y las paredes. Y con la evapotranspiración, el vapor de agua que suelta por las hojas y que baja la temperatura del aire que respiramos.

La sombra es visible y actúa de inmediato. La evapotranspiración es la que mueve el termómetro de la calle, y funciona de una forma que sorprende.

No basta con sembrar unos cuantos árboles.

Un estudio publicado en 2019 en la revista PNAS midió la temperatura del aire en Madison, Estados Unidos, con sensores montados en bicicletas durante dos veranos. Mientras la cobertura de copas se mantuvo por debajo del 40 por ciento, el enfriamiento del aire resultó prácticamente nulo.

Al pasar del 40 al 80 por ciento, la temperatura empezó a caer con fuerza, cerca de un grado por cada tramo, y hasta cuatro o cinco grados en los casos extremos.

Ese umbral cambia el debate entero. Sembrar árboles sueltos en una avenida sirve de poco. Cubrir un barrio completo sirve muchísimo.

Cuánto baja de verdad la cuenta de energía

El Servicio Forestal de Estados Unidos publicó en 2017 el cálculo más completo que existe sobre el tema. Los árboles urbanos de ese país reducen el consumo residencial de energía en un 7,2 por ciento promedio.

En dinero: 38,8 millones de megavatios hora menos de electricidad al año, unos 4.700 millones de dólares que se quedan en los bolsillos de las familias.

La ubicación pesa más que la cantidad.

Un solo árbol bien plantado ahorra entre el 8 y el 12 por ciento de los costos de climatización de una vivienda. Bien plantado significa frente a los muros que reciben el sol de la tarde, no en el patio trasero ni en el separador de la vía.

En Londres, investigadores de la Universidad de Reading midieron un efecto distinto y también valioso. El aire enfriado y humedecido por los árboles cercanos redujo el consumo de aire acondicionado de las oficinas entre el 1,3 y el 13 por ciento.

Las herramientas de valoración del Servicio Forestal, agrupadas bajo el nombre i-Tree, arrojan relaciones de beneficio y costo positivas en casi todos los casos estudiados. El cálculo estatal de California dio 5,82 dólares de beneficio por cada dólar gastado en mantener el arbolado.

Medellín, el caso que la región repite sin verificar

Los Corredores Verdes de Medellín aparecen en toda conferencia latinoamericana sobre Smartcities. Ganaron el premio Ashden en 2019 y el programa existe, funciona y merece reconocimiento.

Los datos de alcance están bien documentados. Treinta corredores, 880.000 árboles, una inversión inicial cercana a los 16 millones de dólares y unos 625.000 dólares anuales de mantenimiento.

El problema aparece con las cifras de temperatura.

La reducción de dos grados que repite la prensa no proviene de ningún estudio revisado por pares. Son mediciones de la propia alcaldía, tomadas en puntos específicos del centro y no en el conjunto de la ciudad.

La cifra de cinco grados adicionales resulta todavía más frágil. En la ficha original del premio aparece como una expectativa de los funcionarios para dentro de casi tres décadas, cuando los árboles maduren. Nadie la ha medido.

Hay contradicciones entre fuentes institucionales. Una base de datos japonesa reporta 3,5 grados de reducción donde otras publicaciones hablan de 4,5. Y varios informes confunden temperatura del aire con temperatura de superficie, que son magnitudes diferentes.

El Banco Mundial, en su informe de 2025 sobre calor extremo en América Latina, acota el logro a dos grados en treinta puntos elegidos. Bastante más modesto que la leyenda que circula.

Lo que aporta la parte inteligente y lo que no

Singapur mantiene un gemelo digital de siete millones de árboles. Usa LiDAR para ubicarlos uno por uno, sensores de inclinación para anticipar caídas durante las tormentas y lectura remota de clorofila para detectar enfermedades antes de que sean visibles.

Su cobertura de copas pasó del 36 por ciento en 1986 a cerca del 47 por ciento en 2025.

Melbourne planifica su bosque urbano con reglas de diversidad estrictas: ninguna especie puede superar el 5 por ciento del total. Milán quiere sumar tres millones de árboles antes de 2030 con el proyecto Forestami.

Aquí conviene un poco de escepticismo.

No existe ninguna evaluación independiente que demuestre que el componente tecnológico enfríe más que sembrar bien sin él. Los sensores y los modelos ayudan a decidir dónde plantar y a vigilar la salud del arbolado, que no es poco.

Pero el cuello de botella no es la falta de datos. Es el presupuesto de riego y mantenimiento durante los primeros cinco años de vida del árbol.

La letra pequeña del árbol urbano

La mortalidad juvenil destruye buena parte de los beneficios prometidos. Una revisión de 56 estudios encontró tasas anuales de muerte que van del 0,6 al 68,5 por ciento según el programa.

Cuando la supervivencia anual baja del 93 por ciento, el crecimiento de los árboles vivos ya no alcanza a compensar lo que se pierde con los muertos.

Hay además efectos adversos poco discutidos.

Algunas especies liberan compuestos orgánicos volátiles que, mezclados con los óxidos de nitrógeno del tráfico y la luz solar, producen ozono. Un estudio reciente en Pekín encontró que la vegetación urbana aportó más de la mitad de la reactividad que forma ese contaminante.

En calles estrechas rodeadas de edificios altos, investigadores de Cambridge documentaron que las copas grandes pueden atrapar el calor durante la noche y bloquear la ventilación.

Y está la pregunta social, que es la más incómoda de todas.

En Estados Unidos, el 92 por ciento de las áreas urbanas estudiadas tiene menos arbolado en las manzanas de bajos ingresos. La diferencia promedio llega a 15 puntos de cobertura y un grado y medio más de calor.

La sombra se reparte igual que el ingreso. Y donde llega la inversión verde suele subir el valor del suelo, un fenómeno que la literatura académica llama gentrificación verde.

Mientras tanto, unos 65 millones de latinoamericanos viven en pobreza energética. Si el calor extremo convierte el aire acondicionado en una necesidad, la factura golpeará primero a quienes no tienen un solo árbol enfrente.

En resumen, los árboles enfrían y abaratan la energía, pero solo con cobertura suficiente, especie adecuada, ubicación pensada y dinero para el mantenimiento. Sin eso, la siembra masiva es apenas un anuncio de prensa. Las Smartcities que quieran presumir de sombra deberían publicar sus mediciones antes que sus cifras de mercadeo, y responder algo muy simple: en qué barrios se está sembrando.

Referencias

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  2. Cambridge University. (2024). Wrong trees in the wrong place can make cities hotter at night. Sustainable Cities and Society.
  3. Comisión Europea. (2021). Nueva Estrategia Forestal de la UE para 2030. Bruselas: COM(2021) 572.
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  5. International Energy Agency. (2024). Cooling a hotter world: El Niño meets strong growth in global electricity demand. París: IEA.
  6. Konijnendijk, C. C. (2023). Evidence-based guidelines for greener, healthier, more resilient neighbourhoods: introducing the 3-30-300 rule. Journal of Forestry Research, 34, 821-830.
  7. Hilbert, D. R., Roman, L. A., Koeser, A. K., Vogt, J., y van Doorn, N. S. (2019). Urban Tree Mortality: A Literature Review. Arboriculture & Urban Forestry, 45(5), 167-200.
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  10. Nowak, D. J., y Crane, D. E. (2002). Carbon storage and sequestration by urban trees in the USA. Environmental Pollution, 116(3), 381-389.
  11. Sustainable Energy for All. (2019). Creating a greener, cooler and healthier Medellín. Viena: SEforALL.
  12. Ziter, C. D., Pedersen, E. J., Kucharik, C. J., y Turner, M. G. (2019). Scale-dependent interactions between tree canopy cover and impervious surfaces reduce daytime urban heat during summer. PNAS, 116(15), 7575-7580.
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