
Cada día, millones de hogares vacían en el fregadero el aceite con que frieron el almuerzo. Parece un gesto menor, pero un solo litro puede arruinar miles de litros de agua limpia y taponar el alcantarillado de una ciudad entera. Ese mismo residuo, cuando se recoge bien, se transforma en combustible, en jabón y hasta en energía para aviones. La economía circular encontró en la cocina una mina inesperada.
Un residuo que se convierte en materia prima
Por: Gabriel E. Levy B.
El aceite de cocina es barato de producir y costoso de limpiar una vez usado. Cuando lo botamos por el sifón, no desaparece: se pega a las paredes de las tuberías, se mezcla con otros desechos y forma tapones de grasa que las empresas de acueducto retiran con maquinaria pesada.
El Ministerio para la Transición Ecológica de España calcula que un litro de aceite usado carga una contaminación miles de veces mayor que la del agua residual común y que puede inutilizar decenas de miles de litros de agua.
Cuando ese aceite llega a ríos y mares, forma una película que impide el paso de la luz y el intercambio de oxígeno, y asfixia a peces y plantas acuáticas.
En Colombia el panorama preocupa: un estudio de Asograsas y la Universidad Javeriana estimó que apenas el uno por ciento del aceite de cocina se recicla de forma correcta.
El resto termina en el suelo, en el agua o en la basura. Lo llamativo es que ese problema tiene una salida rentable.
De la sartén al biodiésel
El uso más extendido del aceite recuperado es el biodiésel, un combustible que reemplaza al diésel fósil en camiones, buses y maquinaria.
Para fabricarlo, las plantas aplican un proceso llamado transesterificación, que en palabras sencillas rompe las moléculas de grasa y las reordena con la ayuda de un alcohol hasta obtener un líquido que arde en los motores.
El resultado ahorra energía y emisiones.
El propio ministerio español señala que producir biodiésel a partir de aceites usados ahorra alrededor del noventa y seis por ciento de la energía fósil que exige fabricar diésel convencional.
La ventaja va más allá del ahorro, porque al usar un residuo como insumo este biodiésel no compite con cultivos destinados a la comida, un reproche frecuente contra los biocombustibles hechos con palma o soya.
Estados Unidos multiplicó por diez sus importaciones de aceite usado para este fin entre 2021 y 2023, y en varios países se abren plantas que dependen de ese insumo.
Cada botella que un hogar entrega alimenta esa cadena. El aceite deja de ser un dolor de cabeza para el acueducto y se vuelve energía que rueda por las carreteras.
Jabones, velas y hasta plásticos
El combustible no agota las posibilidades. Con aceite recuperado, muchos talleres y emprendimientos fabrican jabones y velas, una práctica antigua que hoy regresa con sello ecológico. La industria también lo convierte en lubricantes biodegradables que reemplazan a los derivados del petróleo en maquinaria, algo que investiga el proyecto europeo WORLD, financiado por la Unión Europea.
Otra línea prometedora son los bioplásticos, materiales que se degradan o se reciclan con mayor facilidad que los plásticos comunes y que pueden fabricarse a partir de subproductos del biodiésel. Grupos de investigación en España trabajan en envases hechos con esta base, capaces de cumplir funciones parecidas a las del plástico tradicional sin heredar su persistencia en el ambiente.
Aparecen además usos más sencillos, como pinturas, ceras industriales y aditivos para productos manufacturados.
Cada aplicación cuenta la misma historia. Un material que parecía agotado tras la fritura conserva propiedades químicas valiosas, y la economía circular consiste justamente en no desperdiciarlas. En lugar de extraer recursos nuevos, la industria aprovecha lo que ya circula por nuestras cocinas.
El combustible que quiere volar
El capítulo más reciente ocurre en el aire. Las aerolíneas buscan reducir sus emisiones con el llamado combustible sostenible de aviación, conocido por su sigla en inglés SAF, y el aceite de cocina usado se convirtió en su materia prima favorita.
La ruta técnica más usada hoy transforma grasas y aceites en un queroseno que los aviones actuales queman mezclado con el combustible tradicional sin modificar sus motores. Las aerolíneas europeas ya incorporan al menos un dos por ciento de este combustible en los vuelos que salen del continente, por exigencia de la Unión Europea.
Aquí surge una paradoja reveladora. La demanda creció tanto que el mundo empezó a quedarse sin aceite usado suficiente.
Una investigación de la Universidad Estatal de Washington advirtió en 2026 que la escasez global de este residuo podría frenar las metas de producción de combustible para aviones. El insumo que ayer se botaba hoy se disputa entre plantas de biodiésel y refinerías de aviación, y su precio subió. El aceite del sartén cotiza ahora en el mercado energético mundial.
Cómo cerrar el ciclo en casa y en la ciudad
Nada de esto funciona sin recolección. El aceite debe llegar limpio y separado a quien lo procesa, y ahí entra cada hogar. El primer paso es dejarlo enfriar, verterlo en una botella plástica con la ayuda de un embudo y guardarla hasta llenarla.
Después se lleva a un punto limpio o se entrega a un gestor autorizado. En Colombia, la Resolución 316 de 2018 del Ministerio de Ambiente ordenó gestionar estos residuos y repartió obligaciones entre productores, restaurantes y recolectores. Programas como Manos Verdes, de la Alianza Team, recogen aceite desde 2016 en decenas de municipios, y ciudades como Bogotá instalaron contenedores y estaciones para que la gente lo deposite sin costo.
Los restaurantes, que generan grandes volúmenes, deben entregar su aceite a gestores que emiten certificados de disposición final. La tarea pendiente es cultural. Mientras la mayoría siga vaciando la sartén en el lavaplatos, el país desperdicia un recurso que otros pagan y una oportunidad de empleo verde. Cerrar el ciclo empieza con un gesto tan pequeño como guardar una botella.
En resumen, el aceite de cocina usado dejó de ser un simple desecho para convertirse en materia prima de combustibles, jabones, plásticos y hasta queroseno de aviación. Su recolección evita que contamine el agua y abre negocios y empleos alrededor de la economía circular. El obstáculo ya no es la tecnología, sino el hábito de botarlo. Guardar una botella y llevarla a un punto limpio ya es aportar a ese cambio.
Referencias
- BBVA. (2022). ¿Cómo se recicla el aceite de cocinar y de los vehículos? https://www.bbva.com/es/sostenibilidad/como-se-recicla-el-aceite-de-cocinar-y-de-los-vehiculos/
- Óleo Revista. (2024). Reciclaje de aceites vegetales usados: obtención de biodiésel, fabricación de jabones y bioplásticos. https://www.oleorevista.com/
- Thermo Fisher Scientific. (2025). De residuo a recurso: reciclaje de aceites de cocina usados para biocombustible. https://www.thermofisher.com/blog/cienciaacelerada/
- Infobae. (2026). El aceite de cocina usado podría ser la solución a la falta de combustible para aviones en España y Europa. https://www.infobae.com/espana/2026/05/23/
- Economía Sustentable. (2026). Un insumo cada vez más escaso amenaza el futuro del combustible sostenible para aviones. https://economiasustentable.com/noticias/
- Consejo Colombiano de Seguridad. (s.f.). Así se puede reciclar y reutilizar el aceite usado de cocina. https://ccs.org.co/portfolio/asi-se-puede-reciclar-y-reutilizar-el-aceite-usado-de-cocina/
- Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia. (2018). Resolución 316 de 2018, por la cual se establecen disposiciones relacionadas con la gestión de los aceites de cocina usados. https://www.minambiente.gov.co/
- KLM. (s.f.). SAF: combustible alternativo para la aviación. https://www.klm.es/information/sustainability/saf


