Jamaica apuesta por las energías verdes y una cultura del reciclaje

La pequeña isla del Caribe, devastada por un reciente huracán, ha decidió sacar lo mejor de esta tragedia para aprovechar el momento e invertir de forma decidida en energías renovables y en un nuevo modelo económico que privilegie el reciclaje y el aprovechamiento adecuado de sus residuos.

La apuesta de Jamaica no es fácil, pero gracias al liderazgo de muchas personas, es posible de lograr.

“Si la vida te da limones, has limonada”

Por: Gabriel E. Levy B.

La instalación de energía solar en techos ha aumentado de forma notable en Jamaica durante la última década, pasando de menos de 1,4 megavatios en 2015 a cerca de 65 megavatios en 2023, una cifra considerable para una isla de tamaño reducido, según señalan especialistas. En conjunto, la energía solar y otras fuentes renovables aportaron aproximadamente el 10 % de la generación eléctrica del país en 2023.

La expectativa es que este crecimiento contribuya a disminuir la dependencia de Jamaica del petróleo y del gas natural licuado importados, que llegan a la isla en buques cisterna, en un contexto en el que puertos, refinerías, plantas eléctricas y redes de transmisión se vuelven cada vez más vulnerables a fenómenos climáticos extremos intensificados por el calentamiento global.

Grandes áreas del territorio permanecen sin suministro eléctrico tras el paso del huracán Melissa la semana pasada, que impactó a Jamaica como una tormenta de categoría 5, dejando al menos 32 personas fallecidas y una cantidad incalculable de edificios y viviendas destruidos. “Estamos hablando de reconstruir una infraestructura muy extensa, compleja y costosa”, señaló David Gumbs, especialista en energía del Caribe en el Rocky Mountain Institute y exdirector general de Anguilla Electricity Company.

“Con la energía solar se conserva cierta capacidad de seguir produciendo electricidad” sin depender de cientos de kilómetros de líneas eléctricas dañadas, explicó. “Y en el contexto caribeño, cuando pasa un huracán, si tengo paneles solares en el techo y baterías y puedo mantener mi refrigerador funcionando, todo el vecindario se beneficia”.

The New York Time Analiza el caso de Jamaica

Un artículo reciente de The New York Times ha retomado diversos casos de cambio tecnológico en Jamaica y los ha reunido en una publicación reciente.

Los paneles solares deben resistir vientos intensos, por supuesto. Jason Robinson, quien dirige Solar Buzz, una empresa instaladora con sede en Kingston, la capital jamaicana, ha pasado la última semana evaluando daños, recorriendo carreteras del occidente de la isla cubiertas de árboles y cables eléctricos caídos. “Con ráfagas cercanas a los 322 kilómetros por hora, uno queda a merced del universo”, señaló Robinson.

Hasta el momento, ninguno de sus cerca de 300 clientes ha registrado afectaciones graves. En especial, los paneles montados de forma plana sobre los techos han resistido bien. Algunos propietarios de sistemas solares en azoteas retiraron los paneles antes de la llegada de los vientos más fuertes. Muchos ya habían vuelto a operar.

“Mientras la instalación cumpla con las normas y el techo permanezca en su lugar, existe la posibilidad de soportar apagones muy prolongados”, explicó Robinson. “La resiliencia está adquiriendo incluso más relevancia que el ahorro en la factura eléctrica”.

Los sistemas solares aún resultan inaccesibles para muchos jamaicanos, pero los costos están disminuyendo rápidamente con la llegada masiva de equipos procedentes de China.

En los últimos años, el gobierno de Jamaica ha comenzado a otorgar incentivos fiscales para la energía solar, y los bancos han ampliado las opciones de financiamiento.

La empresa eléctrica del país también compensa ahora a los hogares con sistemas solares por la electricidad excedente que inyectan a la red.

Todo ello está contribuyendo a que Jamaica avance hacia su meta de producir el 50 % de su electricidad a partir de fuentes renovables para 2030.

Casos de economía circular, que nacieron del barro

En Kingston, capital de la isla de Jamaica, una cooperativa local de recicladores informales formalizó su trabajo después del huracán.

Recolectaron mucho plástico destruido y aluminio de barrios dañados y los vendieron a intermediarios locales.

El ingreso no fue alto, pero permitió sostener a decenas de familias durante semanas. En Montego Bay, hoteles afectados por el viento separaron residuos de reconstrucción y donaron materiales reutilizables a comunidades cercanas.

Esa práctica redujo costos y aceleró reparaciones, aunque no todos los actores turísticos se sumaron.

Otro caso surgió en zonas rurales, donde residuos orgánicos de árboles caídos se transformaron en compost para agricultura local.

Pequeños productores utilizaron ese material para recuperar suelos erosionados.

La iniciativa contó con apoyo técnico universitario y mostró que no todo residuo necesitó salir del territorio. También hubo fracasos.

En Saint Thomas, un centro de acopio colapsó por falta de transporte y planificación, y los residuos separados terminaron mezclados otra vez. Esa experiencia dejó claro que la resiliencia no se improvisó.

Las escuelas jugaron un rol inesperado. Algunas incorporaron talleres sobre separación de residuos como parte de la vuelta a clases. Los niños llevaron el mensaje a sus casas, con resultados desiguales pero visibles. No fue educación ambiental clásica, fue aprendizaje desde la experiencia, desde lo vivido. En esas aulas improvisadas apareció otra palabra en medio de frases simples, Respuesta Colectiva Necesaria.

En conclusión, aunque el clima ha sido inclemente con Jamaica, una pequeña isla del caribe, el trabajo organizado de sus comunidades ha permitido que en medio de la tragedia surjan esperanzas en las energías verdes y el reciclaje, modelos que les permitirán ser menos dependientes de los recursos que provienen de tierra firme y de esta forma podrán lograr una mayor autonomía energética y económica en beneficio de las comunidades circundantes.

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