La Economía colaborativa puede salvar el planeta

No solo la denominada economía circular puede cambiar positivamente la forma en que nos relacionamos con el planeta, también existe otras formas de economía que pueden tener un impacto muy positivo y que no riñen con modelos económicos de mercado.

La economía colaborativa, impulsada por Internet, podría ser la clave para transformar el consumo responsable de muchos bienes y servicios a nivel global.

Las oportunidades de la economía colaborativa

Por: Gabriel E. Levy B.

La economía colaborativa es un modelo socioeconómico basado en el intercambio, el uso compartido y el acceso a bienes, servicios y experiencias, en el que la propiedad deja de ser el eje central del consumo.

Este enfoque se basa en una potente idea, en la que los bienes de consumo ya sean materiales e inmateriales, se pueden aprovechar de manera más eficiente cuando se comparten entre individuos o comunidades, generalmente mediante plataformas digitales que facilitan la confianza, la coordinación y la interacción entre pares.

Se diferencia de los modelos económicos tradicionales, porque promueve relaciones horizontales, en las que las personas pueden actuar simultáneamente como proveedoras y usuarias, reduciendo intermediarios y optimizando costos.

El fenómeno que surgió de la conectividad global

Hace apenas unas décadas, pretender que un ciudadano promedio de clase media europea o estadounidense decidiera compartir su vivienda para que un desconocido se alojara era impensable.

Lo mismo ocurría con la idea de subirse al automóvil de alguien desconocido para ir al trabajo o permitir que un extraño viajara en su vehículo de regreso de la oficina para compartir los costos del trayecto. Sin embargo, esto no solo ocurre en la actualidad, sino que se ha convertido en una práctica cotidiana y masiva.

Plataformas como Airbnb motivan a diario a millones de personas en todo el mundo a ofrecer sus hogares para que turistas se alojen a cambio de una retribución económica.

Al mismo tiempo, muchos viajeros ya no prefieren hospedarse en hoteles de lujo, sino alojarse en habitaciones dentro de viviendas familiares, lo que les permite conocer de cerca la cultura y las tradiciones locales.

De forma paralela, numerosos mochileros recorren distintos países pactando jornadas de trabajo en hostales a cambio de alojamiento y alimentación.

El carpooling y empresas como Uber, Lyft y Cabify han transformado de manera permanente el transporte y la forma en que las personas se movilizan, al promover el uso compartido de vehículos y trayectos, ya sea de manera ocasional o regular.

A finales del siglo pasado, una enciclopedia promedio contenía entre tres mil y treinta mil artículos y era elaborada por un reducido grupo de especialistas. En la actualidad, Wikipedia cuenta, dependiendo del idioma, con entre uno y seis millones de artículos y se construye de forma colaborativa gracias a la participación de miles de personas alrededor del mundo, en un ejercicio de creación filantrópica espontánea sin precedentes en la historia de la humanidad.

Mediante la microfinanciación, miles de proyectos a nivel global logran financiarse gracias al aporte voluntario de donantes y colaboradores, lo que permite que la incubación de iniciativas alcance una dimensión plural y democrática.

De igual manera, la filantropía y el financiamiento de causas sociales han encontrado en esta modalidad el impulso necesario para garantizar su sostenibilidad. Gracias a ello, desde inventos sencillos hasta producciones cinematográficas complejas han podido acceder a mecanismos ágiles de financiación sin recurrir a grandes capitales tradicionales.

Los orígenes del concepto

El concepto de “economía colaborativa” no es exclusivo ni tiene su origen en internet. Mucho antes de la aparición de esta red global y de forma paralela a su desarrollo, diversas comunidades alrededor del mundo ya practicaban formas de consumo colaborativo.

La economía colaborativa se caracteriza por un modelo de consumo basado en el intercambio de servicios y experiencias, con la particularidad de que el acceso prevalece sobre la propiedad.

Esto genera transformaciones significativas tanto en los individuos que participan en ella como en la sociedad en general, evidenciando una transición desde un consumo individualizado hacia un modelo sustentado en el intercambio, entendido como una práctica cultural cada vez más sofisticada.

Determinar con exactitud el origen del término resulta complejo; no obstante, el concepto comenzó a popularizarse en el año 2010 con la publicación del libro What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption.

Diferentes metodologías, un propósito común

La economía colaborativa y la economía circular comparten principios de sostenibilidad, pero sus mayores diferencias radican en sus enfoques y alcances.

 La economía colaborativa se centra en el uso compartido, el acceso y el intercambio de bienes y servicios entre personas, buscando priorizar la optimización del consumo y la reducción de la propiedad individual.

En cambio, la economía circular pone el énfasis en los procesos productivos, buscando extender el ciclo de vida de los productos mediante la reutilización, reparación, remanufactura y reciclaje.

Mientras la primera transforma los modelos de consumo y las relaciones sociales, la segunda reconfigura la forma en que se diseñan, producen y gestionan los recursos.

En conclusión, la economía colaborativa es un modelo que prioriza el acceso y el intercambio por encima de la propiedad, promoviendo nuevas formas de consumo basadas en la cooperación y la confianza. A través de plataformas y comunidades, optimiza recursos, transforma hábitos sociales y propone alternativas más flexibles, inclusivas y sostenibles para la economía contemporánea.

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