
Cada respiración en las ciudades modernas contiene algo más que oxígeno, dióxido de carbono o esmog. Un nuevo invasor, tan pequeño como peligroso, ha colonizado el aire que se respira: los micro plásticos. Invisibles, ubicuos y persistentes, se desplazan entre avenidas y rascacielos, se adhieren al polvo urbano y caen con la lluvia.
Un estudio reciente liderado por científicos chinos lo confirma con cifras alarmantes: las concentraciones de micro plásticos en la atmósfera urbana podrían ser hasta un millón de veces más altas de lo que se estimaba con tecnologías anteriores. Las Smartcities, emblema del desarrollo urbano del siglo XXI, enfrentan ahora un reto inesperado y monumental: ¿cómo revertir la presencia de plástico en el aire?
“El plástico está en todas partes”: del suelo al aire
Por: Gabriel E. Levy B.
Durante décadas, la narrativa dominante sobre la contaminación por plásticos se centró en los océanos, los ríos y los suelos. Imágenes de tortugas atrapadas en bolsas o peces con estómagos repletos de polímeros sintetizados dominaban las campañas ambientales.
Sin embargo, desde hace poco más de una década, comenzaron a surgir evidencias sobre la presencia de estos materiales en la atmósfera.
En 2019, un estudio realizado por Allen et al. en los Pirineos franceses reveló que partículas de micro plástico podían viajar cientos de kilómetros en el aire antes de depositarse en zonas montañosas aparentemente “puras”.
Fue un primer llamado de atención. Desde entonces, investigaciones como la publicada recientemente por el Instituto de Medio Ambiente Terrestre de la Academia China de Ciencias, han ido desmantelando una verdad incómoda: el aire en las ciudades está profundamente contaminado por plásticos, en formas que la tecnología tradicional apenas si había alcanzado a vislumbrar.
El estudio chino, publicado en Science Advances, fue más allá que cualquier trabajo anterior: detectó nano plásticos tan pequeños como 200 nanómetros y midió concentraciones que alcanzan hasta 180.000 partículas por metro cúbico en ciudades como Guangzhou y Xi’an.
Las partículas flotan en el aire, viajan adheridas al polvo, y caen con la lluvia. Son inhaladas por millones de personas cada día, y su acumulación plantea no solo un problema ambiental, sino un desafío sanitario y urbano.
Respirar plástico: el enemigo silencioso de las ciudades inteligentes
La idea de las Smartcities, ciudades inteligentes, gira en torno a la sostenibilidad, la conectividad y el bienestar ciudadano.
Se trata de entornos urbanos gobernados por datos, donde sensores, inteligencia artificial y planificación digital trabajan para optimizar el transporte, reducir el consumo energético y mejorar la calidad de vida.
Sin embargo, lo que estos sistemas aún no logran detectar ni combatir eficazmente son los contaminantes invisibles que habitan el aire. Y entre ellos, los micro plásticos se perfilan como los más escurridizos.
La acumulación de estos polímeros en la atmósfera urbana no es solamente un problema ambiental, sino una amenaza directa a la salud pública.
Investigadores como María José López de San Román, experta en toxicología ambiental del CSIC, advierten que la inhalación prolongada de micro plásticos puede provocar inflamación pulmonar, alteraciones inmunológicas y posibles efectos sistémicos aún poco comprendidos.
A diferencia de otros contaminantes, los micro plásticos no se disuelven ni desaparecen: se fragmentan, se dispersan y se incrustan en la vida cotidiana.
En este sentido, las Smartcities enfrentan una contradicción estructural: mientras sus infraestructuras buscan digitalizar el entorno para hacerlo más habitable, la contaminación plástica, producto de ese mismo desarrollo industrial y de consumo, sigue infiltrándose por vías no controladas.
El plástico está presente en textiles, neumáticos, envases, dispositivos electrónicos y hasta en las capas que protegen los sensores urbanos. La ciudad inteligente, paradójicamente, puede estar alimentando la nube de micro plásticos que la rodea.
Y el problema no es solo local: el estudio de la Academia China reveló que la Re-suspensión del polvo urbano y la lluvia son los principales vectores de transporte y eliminación de micro plásticos, generando flujos de hasta 2.500 millones de partículas por metro cuadrado al día.
Esto significa que los plásticos no solo se quedan donde se generan, sino que circulan, vuelan, se depositan, se levantan de nuevo. La atmósfera urbana se convierte en un gigantesco corredor de plásticos volátiles.
El futuro inteligente exige aire limpio
Si bien las tecnologías de las Smartcities prometen ciudades más eficientes, su éxito estará condicionado por su capacidad para enfrentar desafíos que no son únicamente tecnológicos, sino también ambientales y estructurales. Incorporar sensores que midan la presencia de micro plásticos en tiempo real, rediseñar materiales urbanos para evitar la degradación plástica o implementar mecanismos de filtrado atmosférico a gran escala son pasos aún lejanos pero urgentes.
Autores como Roland Geyer, investigador de la Universidad de California y autor del influyente artículo Production, Use, and Fate of All Plastics Ever Made, insisten en que el plástico no desaparecerá, pero sí puede ser gestionado de forma más racional si se transforma el paradigma de producción y consumo.
En las Smartcities, esa gestión debe incluir no solo el tratamiento de residuos, sino también la vigilancia y mitigación de contaminantes invisibles como los micro plásticos.
Asimismo, el arquitecto Carlo Ratti, director del Senseable City Lab del MIT, ha propuesto que la verdadera inteligencia urbana no reside en la cantidad de sensores desplegados, sino en la capacidad de las ciudades para aprender de sus errores y anticipar sus consecuencias.
Desde esa óptica, la contaminación atmosférica por micro plásticos representa una lección aún no aprendida: la necesidad de integrar la salud ambiental en el diseño mismo del urbanismo del futuro.
La atmósfera urbana, por tanto, no debe ser vista como un simple espacio vacío entre los edificios, sino como un ecosistema dinámico que interactúa con cada acción humana.
En ese ecosistema, el plástico también ha encontrado su lugar, y revertir su presencia será uno de los mayores retos de sostenibilidad del siglo XXI.
De París a Bogotá: ciudades bajo la nube plástica
El problema no es exclusivo de China. París, una de las primeras ciudades en medir sistemáticamente los micro plásticos en su atmósfera, encontró en 2020 concentraciones alarmantes que alcanzaban hasta 10 partículas por metro cúbico en zonas residenciales.
La cifra parece modesta frente a los números del estudio chino, pero las metodologías usadas entonces eran menos sensibles. Se estima que, con nuevas técnicas, las cifras reales podrían ser cientos o miles de veces superiores.
En América Latina, un estudio pionero del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia detectó micro plásticos en el aire de Bogotá en 2023. Aunque el monitoreo apenas comienza, los investigadores alertaron sobre su posible vínculo con enfermedades respiratorias y con la contaminación derivada del tráfico vehicular y la industria textil.
En Londres, la iniciativa Breathe London ha comenzado a explorar métodos para incluir contaminantes emergentes, como los micro plásticos, en sus redes de sensores urbanos. Sin embargo, aún se carece de una infraestructura robusta que permita una lectura sistemática y confiable de estos polímeros volátiles.
Incluso en ciudades consideradas líderes en sostenibilidad, como Copenhague o Ámsterdam, la gestión de los micro plásticos atmosféricos aún es una asignatura pendiente.
La contaminación plástica se infiltra en la atmósfera desde las suelas de los zapatos, el desgaste de los neumáticos, las fibras liberadas por la ropa lavada y secada, o los residuos industriales dispersos.
El aire, como espacio común, se convierte en el gran recolector de los excesos urbanos. Y hasta ahora, ninguna ciudad ha logrado establecer un protocolo efectivo para frenar esa invasión silenciosa.
En conclusión
Revertir la acumulación de micro plásticos en la atmósfera urbana es uno de los desafíos más urgentes para las Smartcities.
No basta con digitalizar el tráfico o automatizar el alumbrado público.
La inteligencia urbana del futuro deberá ser también ecológica, y enfrentarse con decisión a contaminantes invisibles pero letales. Respirar plástico no puede ser el precio del progreso.
Referencias
- Zhang, L., Liu, Y., Wang, L., & Li, W. (2024). Atmospheric micro- and nanoplastics in urban environments. Science Advances.
- Geyer, R., Jambeck, J. R., & Law, K. L. (2017). Production, use, and fate of all plastics ever made. Science Advances, 3(7), e1700782.
- Allen, S., Allen, D., Phoenix, V. R., Le Roux, G., Jiménez, P. D., Simonneau, A., … & Galop, D. (2019). Atmospheric transport and deposition of microplastics in a remote mountain catchment. Nature Geoscience.
- López de San Román, M. J. (2022). Toxicología ambiental de microplásticos inhalados. CSIC, Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua.


