
Cada año, millones de toneladas de residuos electrónicos recorren un camino incierto: desde el olvido de nuestros cajones hasta los centros de reciclaje o, en el peor de los casos, los vertederos.
Pero en 2025, estos aparatos muertos hablan otro idioma: el del oro, el cobre, el litio y el plástico transformado. En una era donde los recursos naturales se agotan y la conciencia ambiental se impone, los RAEE (residuos de aparatos eléctricos y electrónicos) se han convertido en una mina urbana estratégica.
“Los metales son el nuevo petróleo del siglo XXI”
Por: Gabriel E. Levy B.
No se trata solo de cables y carcasas. Detrás de cada dispositivo desechado hay una compleja geopolítica de materias primas.
Ya en la década de 1990, la investigadora Elizabeth Grossman alertó sobre el costo oculto de nuestros aparatos electrónicos. Su libro High Tech Trash denunció que fabricar un solo chip implicaba usar más de 1.5 kg de combustible fósil, sin contar con los desechos generados. Hoy, treinta años después, los problemas que esbozó se agravaron, pero también surgieron respuestas.
Según el Global E-Waste Monitor, en 2022 se generaron más de 62 millones de toneladas métricas de RAEE.
La tendencia no se detuvo.
Para 2025, el volumen superó los 70 millones, con un agravante: solo el 22.3% de ese total ingresó en procesos formales de reciclaje. Es decir, más de tres cuartas partes de estos residuos aún terminan en rutas informales o, peor, en la basura común.
En este panorama crítico, algunos materiales se alzan como protagonistas del reciclaje.
No solo por su valor económico, sino porque están en el centro de una transformación productiva global.
El ranking global 2025 de recuperación de materiales, basado en informes de AZoM, emew.com y el E-Waste Monitor, no deja dudas: el cobre lidera con holgura, seguido por el aluminio, el hierro y el acero. Pero también figuran metales escasos como el oro, el paladio y el litio.
“Los metales raros son los huesos de la tecnología”
El cobre es omnipresente. En cables, circuitos, motores, conectores y transformadores.
No solo es abundante, sino que se recicla sin pérdida de calidad, lo que lo convierte en el pilar del urban mining. Según datos de AZoM, más del 90% del cobre en RAEE puede recuperarse en condiciones industriales óptimas, y la industria lo sabe: el precio del cobre se mantuvo alto durante toda la primera mitad de la década, impulsado por la transición energética y la electrificación de la movilidad.
El segundo lugar en el podio lo ocupa el aluminio. Liviano, conductor, moldeable. Presente en carcasas, disipadores de calor, marcos y estructuras.
Su reciclaje consume apenas el 5% de la energía necesaria para producirlo desde el mineral. “Cada lata reciclada ahorra suficiente energía como para hacer funcionar una televisión durante tres horas”, afirmaba el ambientalista canadiense David Suzuki, extrapolando su lógica a cualquier pieza de aluminio recuperado.
El hierro y el acero, aunque menos glamorosos, también tienen un peso literal.
Su presencia en electrodomésticos, refrigeradores, lavadoras y estructuras metálicas explica su alto volumen de reciclaje. No son los más valiosos por kilo, pero sí dominan en masa.
Luego vienen los metales preciosos. El oro, por ejemplo, puede encontrarse en pequeñas proporciones dentro de las placas de circuito impreso.
Su recuperación exige procesos complejos y controlados, pero su precio lo justifica: en 2025, el oro reciclado de RAEE aportó millones de dólares a la economía circular.
Le sigue la plata, muy usada en contactos eléctricos, y el paladio, parte del exclusivo grupo del platino, con aplicaciones críticas en catalizadores y sensores electrónicos.
“El plástico invisible de la era digital”
Los metales no son los únicos actores. El plástico reciclable ocupa una posición estratégica.
Durante años fue el gran olvidado en el reciclaje electrónico, por su baja rentabilidad y su complejidad de separación. Pero las cosas cambiaron. Tecnologías de separación por espectroscopía, identificación por polímeros y trituración selectiva han permitido recuperar más ABS, PET y policarbonatos de lo que la industria imaginaba hace una década.
Según datos de SNS Insider, en 2025 la recuperación de plásticos de RAEE alcanzó cifras récord en volumen, aunque aún lejos del potencial total.
Su valor no reside solo en lo económico: reducen emisiones, evitan la producción de nuevos plásticos y permiten fabricar nuevos componentes.
Pero hay un material que gana atención aceleradamente: los metales de batería.
El litio, el cobalto, el níquel. Son claves para la electromovilidad y los dispositivos portátiles. Y a diferencia del cobre o el oro, no son fácilmente reemplazables por otros materiales. Su reciclaje aún enfrenta desafíos técnicos y costos elevados, pero se vuelve urgente. Según ScienceDirect, los avances en recuperación química de cátodos y electrolitos muestran un horizonte prometedor.
Países como China, Alemania y Corea del Sur invierten millones en desarrollar tecnologías propias.
“El oro no está en las minas, sino en nuestros cajones”
Hay cifras que permiten dimensionar el problema. Un millón de teléfonos móviles pueden contener casi 25 kilos de oro, 250 kilos de plata y 9 toneladas de cobre. Pero la mayoría termina olvidado, acumulado o desechado sin control. En Ghana, por ejemplo, el vertedero de Agbogbloshie se convirtió en un símbolo del desecho electrónico sin reciclaje. Allí, niños y adultos queman cables para extraer cobre sin protección, mientras respiran toxinas.
En cambio, hay ejemplos virtuosos. En Japón, los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (celebrados en 2021) utilizaron medallas fabricadas con metales reciclados de RAEE, recolectados en campañas ciudadanas. Fue una acción simbólica, pero poderosa: convertir lo descartado en símbolo de esfuerzo.
En Europa, el modelo de economía circular avanzó con directivas como la WEEE (Waste Electrical and Electronic Equipment), que obliga a los fabricantes a hacerse cargo del ciclo completo de vida del producto. Y en América Latina, países como Chile y Colombia comenzaron a implementar leyes de responsabilidad extendida del productor, con resultados desiguales pero alentadores.
China, por su parte, lidera en capacidad industrial. Empresas como GEM Co. Ltd. se convirtieron en referentes mundiales del reciclaje de metales de batería. Allí, cada kilo de litio o cobalto recuperado reduce la presión sobre la minería extractiva en el Congo o en el Salar de Atacama.
En conclusión, el reciclaje de RAEE en 2025 consolidó una jerarquía de materiales basada en su valor, abundancia y utilidad industrial. El cobre, el aluminio y los metales preciosos siguen siendo los más buscados, pero los plásticos y metales de batería ganan protagonismo.
La recuperación eficiente de estos recursos ya no es solo un gesto ambiental: es una necesidad económica y geoestratégica. A medida que crecen la conciencia ciudadana y las políticas públicas, el verdadero desafío es evitar que esos tesoros escondidos terminen enterrados bajo la montaña de nuestros propios desechos.
Referencias
- Baldé, C.P., Forti, V., Gray, V., Kuehr, R., Stegmann, P. (2024). The Global E-Waste Monitor 2024. ITU & United Nations University.
- Grossman, E. (2006). High Tech Trash: Digital Devices, Hidden Toxics, and Human Health. Island Press.
- AZoM (2025). “Top Recyclable Materials from E-Waste: Economic Trends and Recovery Techniques”.
- ScienceDirect (2025). “Battery Metal Recovery from Spent Lithium-Ion Cells: Process Review and Advances”.
- SNS Insider (2025). “Plastic Waste Recovery in the E-Waste Sector: A 2025 Outlook”.
- emewCorporation (2025). “Recycling Aluminium from E-Waste: Environmental Benefits and Challenges”.


