
Algo cambió en el mundo durante 2025 y mucha gente todavía no se ha enterado. Por primera vez en más de un siglo, los paneles solares, los molinos de viento y las represas hidroeléctricas produjeron juntos más electricidad que las centrales de carbón. No es una anécdota técnica.
Es el primer indicio claro de que la transición energética está pasando de las promesas a los hechos, con consecuencias directas para el clima y para nuestra salud.
Un titular que parece pequeño y no lo es
Por: Gabriel E. Levy B.
Imagine que su abuelo nació en una época en la que casi todas las bombillas del planeta se encendían quemando carbón. Imagine que sus padres crecieron así, que usted creció así, y que sus hijos también empezaron a vivir así. Pues bien, ese mundo dejó de existir el año pasado.
El centro de estudios británico Ember publicó el 21 de abril su informe anual Global Electricity Review 2026, y los números son contundentes.
Las renovables generaron 10.730 teravatios hora de electricidad en 2025, lo que equivale al 33,8 por ciento del total mundial.
El carbón se quedó en 10.476 teravatios hora, un 33 por ciento.
La diferencia es estrecha, pero suficiente para tumbar una hegemonía de cien años.
Para que se haga una idea, un teravatio hora es lo que consume una ciudad de unos 200.000 habitantes durante todo un año. Multiplique eso por más de diez mil.
Esa es la electricidad que el planeta produjo el año pasado sin quemar carbón.
Por qué esto pasó justo ahora
Aditya Lolla, uno de los responsables del informe, lo explica con una frase que se ha vuelto viral en círculos energéticos. Hemos entrado, dice, en “la era del crecimiento limpio”. Lo que quiere decir es algo concreto y nuevo. Hasta ahora, cada vez que el mundo necesitaba más electricidad, lo lógico era construir una central de gas o de carbón. Era lo barato, lo rápido, lo seguro. En 2025 esa lógica se rompió.
La demanda eléctrica creció un 2,8 por ciento, sobre todo por los coches eléctricos, las fábricas que se electrifican y los enormes centros de datos que mueven la inteligencia artificial.
Pues bien, el 99 por ciento de esa demanda extra se cubrió con energía limpia. La generación con combustibles fósiles incluso cayó un poquito, un 0,2 por ciento. Es solo la quinta vez en este siglo que eso ocurre, y la primera desde la pandemia de covid.
António Guterres, secretario general de la ONU, lo celebró en la cumbre del clima de Belém con una idea clara. Los combustibles fósiles, dijo, pertenecen al pasado. Las renovables son el motor de la prosperidad del siglo XXI.
El sol, el verdadero héroe de la historia
Si hay que señalar a un protagonista, es la energía solar. Sus números marean. La generación fotovoltaica creció un 30 por ciento en un solo año, llegando a 2.778 teravatios hora.
Solo con paneles solares se cubrió el 75 por ciento del aumento de la demanda mundial. Es como si toda la electricidad que consume la Unión Europea entera saliera del sol, y todavía sobrara.
¿Por qué de repente todos quieren paneles solares?
La respuesta no es romántica. Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía, lo dijo sin rodeos.
El 85 por ciento de las nuevas centrales eléctricas que se construyen este año en el mundo son renovables, y no es por amor al planeta.
Es porque son más baratas. Los módulos solares cuestan hoy un 90 por ciento menos que hace diez años, y las baterías se abarataron otro 45 por ciento solo en 2025. Cuando algo se vuelve tan barato, el mercado lo elige sin necesidad de discursos.
China e India, los gigantes que cambian de bando
Lo más sorprendente del informe llega cuando uno mira el mapa. China, el país que durante años fue sinónimo de centrales de carbón humeantes, instaló 378 gigavatios de paneles solares en 2025.
En algunos meses llegaron a colocar el equivalente a 100 paneles por segundo. Y, por primera vez desde 2015, su consumo de carbón para electricidad bajó.
India hizo algo parecido. Añadió un récord de 38 gigavatios solares y también redujo, por primera vez en este siglo, la electricidad generada con carbón. Que los dos gigantes asiáticos, los que más necesitan energía, los que más estaban quemando carbón, bajen al mismo tiempo es algo que los analistas describen como inédito.
En Europa, el viento y el sol superaron juntos a todos los fósiles sumados, generando el 30,1 por ciento de la electricidad. Irlanda dejó de quemar carbón en junio, Finlandia lo hizo en abril. Estados Unidos es la excepción incómoda. Tras la salida del Acuerdo de París y los recortes a las ayudas renovables, allí el carbón ha rebotado y las emisiones eléctricas subieron un 4,3 por ciento en el primer semestre.
Lo que esto significa para el aire que respiramos
Aquí es donde la historia deja de ser una crónica de cifras para tocar la vida de cualquiera. Las emisiones del sector eléctrico mundial cayeron alrededor de un 0,9 por ciento en 2025.
Parece poco, pero es la primera bajada desde la pandemia, y supone que se evitaron unos 230 millones de toneladas de CO₂. Para que se entienda, es como si todo el sistema eléctrico de África entera hubiera dejado de contaminar de un día para otro.
El otro lado de la moneda es la salud.
La revista médica The Lancet publicó en octubre su informe anual sobre clima y salud, y el dato golpea. La contaminación del aire por combustibles fósiles mata cada año a 2,5 millones de personas en el mundo. Y la caída del carbón ya ha evitado, según los cálculos, unas 160.000 muertes anuales entre 2010 y 2022. En China, donde el aire de ciudades como Pekín fue durante años irrespirable, las partículas finas que más daño hacen a los pulmones se han reducido más del 50 por ciento desde 2013.
Jeremy Farrar, número dos de la Organización Mundial de la Salud, lo resume así. La crisis climática, dice, es también una crisis sanitaria. Y eliminar los combustibles fósiles es la palanca más poderosa que tenemos para frenar el calentamiento y salvar vidas al mismo tiempo.
La fiesta no ha terminado
Sería un error cerrar este artículo con champán. Las emisiones globales de CO₂ procedentes de combustibles fósiles batieron en 2025 un nuevo récord, 38.100 millones de toneladas, empujadas sobre todo por el petróleo y el gas. Pierre Friedlingstein, de la Universidad de Exeter, dice algo que duele leer. Mantener el calentamiento por debajo de 1,5 grados, advierte, ya no es plausible.
El propio Guterres reconoció en Belém que ese umbral se rebasará, como muy tarde, a principios de la próxima década.
Además, el compromiso firmado en la COP28 de triplicar la capacidad renovable hasta 11.200 gigavatios para 2030 sigue lejos. A finales de 2025 había instalados 5.149 gigavatios, y los planes nacionales solo cubren la mitad del salto que falta.
El World Resources Institute fue todavía más duro en su informe State of Climate Action 2025. Ninguno de los 45 indicadores que evalúa, ni uno solo, va al ritmo necesario.
Hay otros frenos. Unos 3.000 gigavatios de proyectos renovables esperan en cola para conectarse a redes eléctricas viejas. Europa malgastó en 2024 más de 7.200 millones de euros en gestionar esos cuellos de botella. Países como Indonesia, Vietnam, Filipinas, Polonia o Sudáfrica siguen muy enganchados al carbón. Y los centros de datos para inteligencia artificial van a duplicar su consumo eléctrico hasta 2030, lo que puede ralentizar todo lo bueno que está pasando.
Lo que queda claro
El adelantamiento de las renovables al carbón no es el final de nada. Es, más bien, la primera prueba a escala planetaria de que el sistema energético sí puede cambiar sin hundir la economía. La pregunta ya no es si la transición es posible. Lo es, y además es barata. La pregunta verdadera es si llegará a tiempo. Y eso depende menos de la tecnología, que ya ganó su partida, que, de las redes eléctricas, las baterías y la voluntad política de acelerar.
En Resumen, en 2025 las renovables superaron por primera vez en cien años al carbón en la producción mundial de electricidad, según el informe Global Electricity Review 2026 de Ember. La energía solar lideró el cambio con un crecimiento del 30 por ciento. China e India redujeron su consumo de carbón a la vez, algo inédito. Las emisiones del sector eléctrico cayeron un 0,9 por ciento. La transición ya no es promesa, pero todavía no es suficiente.
Referencias:
Ember. (2026). Global Electricity Review 2026. Ember Climate. https://ember-energy.org/latest-insights/global-electricity-review-2026/
Datos sobre salud y clima:
Organización Mundial de la Salud. (2025, 29 de octubre). Climate inaction is claiming millions of lives every year, warns new Lancet Countdown report. WHO.
Cifras de capacidad instalada:
International Renewable Energy Agency. (2026, abril). Near-700 GW surge in 2025 proves renewable energy resilience. IRENA.
Brecha climática y emisiones:
Carbon Brief. (2025). Analysis: Fossil-fuel CO2 emissions to set new record in 2025, as land sink ‘recovers’.
World Resources Institute. (2025). The State of Climate Action in 2025: 10 key findings.


